martes, 7 de abril de 2009

Reorganizando la Información

Práctico nº 2:
Tomar los elementos de una página web informativa y reordenar los elementos de acuerdo a sus criterios. Según mi propuesta, hubiese organizado la información de la siguiente manera.


El emotivo adiós al principal referente de la Democracia en Argentina.



Murió Raúl Alfonsín, primer presidente y símbolo de la democracia. Sufría un cáncer de pulmón y en los últimos días agonizó en su departamento de la avenida Santa Fe, en la Ciudad de Buenos Aires. Tenía 82 años y fue el primer presidente democrático tras la caída de la dictadura militar.

Su cuerpo, con las huellas de décadas de trajín político, no soportó más la carga de un cáncer de pulmón que se había agravado en las últimas horas con una neumonía. Raúl Alfonsín, el hombre que encabezó el retorno del país a la democracia, tras la última dictadura, murió esta noche a los 82 años. El ex mandatario expiró a las 20.30 y la confirmación oficial llegó pocos minutos después de las 21. El médico Alberto Sadler fue quien dio la noticia y algunos detalles. "Lamentablemente a las 20.30 el doctor Raúl Alfonsín ha fallecido tranquilo en su domicilio, acompañado por sus familiares, con mucha paz. Estaba dormido, con deterioro sensorio y respirando muy tranquilamente. En este momento sólo puede decirse que ocurrió en un marco de mucha tranquilidad y acompañado por su familia, como él siempre quiso que ocurriera", fue el breve comunicado de Sadler ante los periodistas.



El Gobierno anunció que ya está firmado un decreto que marca tres días de duelo por la muerte del referente de la UCR. Con Cristina Kirchner en Londres, fue el vicepresidente Julio Cobos quien formalizó la medida, que regirá hasta el jueves e incluye la decisión de que todos los establecimientos públicos tengan sus banderas a media asta.

¿Quién fue Raúl Alfonsín?

“Con la democracia se come, se cura y se educa”, fue su frase más recordada al asumir, en el retorno de la democracia en 1983. El juicio y condena a las Juntas Militares y la creación del “Nunca Más” fueron los logros más importantes de su Gobierno.

El 10 de diciembre de 1983 Raúl Alfonsín asumió la presidencia de la Nación. Su gobierno enfrentó dos grandes grupos de problemas: la consolidación de la democracia y la difusión de la misma hacia todos los ámbitos de la sociedad y la relación con las Fuerzas Armadas; y la obra general de gobierno condicionada por la inflación y la crisis de la deuda.
Ejerció la Primera Magistratura de la Nación hasta julio de 1989. Durante su gestión de gobierno se llevó a cabo el plebiscito que logró la paz con el vecino país de Chile, la creación de la Comisión Nacional de Desaparición de Personas (Conadep) que concluyó con el libro traducido a más de 15 idiomas, titulado "Nunca Más" y el juicio y condena de las Juntas Militares responsables del gobierno de facto.
Entre los más importantes logros de su gobierno, cabe destacar la instrumentación y puesta en marcha del Plan Nacional de Alfabetización, premiado por la Unesco, y el Plan Alimentario Nacional (PAN) cuyo modelo interesó al punto de ponerse en práctica varios países de América latina.
Debido a la grave crisis económica, Alfonsín entregó el mando a Carlos Menem seis meses antes de concluir su período.
La transición. El gobierno de Alfonsín debió enfrentar el problema de la transición a la democracia en un país con una larga tradición de gobiernos militares que había llegado al terrorismo de estado y la guerra. El 15 de diciembre de 1983 Alfonsín sancionó los decretos 157/83 y 158/83. Por el primero se ordenaba enjuiciar a los dirigentes de las organizaciones guerrilleras ERP y Montoneros; por el segundo se ordenaba procesar a las tres juntas militares que dirigieron el país desde el golpe militar del 24 de marzo de 1976 hasta la Guerra de las Malvinas.
El mismo día creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), integrada por personalidades independientes como Ernesto Sábato, Magdalena Ruiz Guiñazú, Graciela Fernández Meijide, entre otros, con la misión de relevar, documentar y registrar casos y pruebas de violaciones de derechos humanos, para fundar el juicio a las juntas militares.
También el 15 de diciembre Alfonsín envió al Congreso un proyecto de ley declarando nula la llamada ley de auto-amnistía Nº 22.924 dictada por el gobierno militar. Una semana después el proyecto fue sancionado como Ley Nº 23.040, la primera ley de la nueva etapa democrática.
Nunca más. El 20 de septiembre de 1984 la Conadep produjo su famoso informe titulado Nunca Más y concurre a entregarlo al presidente Alfonsín acompañada de una multitud de 70.000 personas.
El 4 de octubre de 1984 la Cámara Federal (tribunal civil) toma la decisión de desplazar al tribunal militar que estaba enjuiciando a las juntas para hacerse cargo directamente del juicio.
Los fiscales fueron Julio César Strassera y Luis Gabriel Moreno Ocampo. El juicio se realizó entre el 22 de abril y el 14 de agosto de 1985. Se trataron 281 casos. El 9 de diciembre se dictó la sentencia condenando a Jorge Rafael Videla y Eduardo Massera a reclusión perpetua, a Roberto Viola a 17 años de prisión, a Armando Lambruschini a 8 años de prisión y a Orlando Ramón Agosti a 4 años de prisión.
Por las características que tuvo, la condena a las juntas militares realizada por un gobierno democrático constituyó un hecho sin precedentes en el mundo, que contrastó fuertemente con las transiciones negociadas que tuvieron lugar en aquellos años en Uruguay, Chile, Brasil, España, Portugal y Sudáfrica.
Alfonsín enfrentó varias sublevaciones de militares conocidos como carapintadas El gobierno de Alfonsín estuvo permanentemente amenazado por sectores de las Fuerzas Armadas que se negaban a aceptar el enjuiciamiento por violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar anterior.
En 1986 Alfonsín debió intervenir personalmente para que el Congreso sancionara la Ley de Punto Final imponiendo un plazo de 60 días para procesar a acusados de delitos de lesa humanidad cometidos durante el gobierno militar.
La Ley de Punto Final no fue suficiente y en la Semana Santa de 1987 se produjo una gran rebelión militar compuesta mayoritariamente por jóvenes oficiales que se denominaron "carapintadas" dirigidos por el teniente coronel Aldo Rico.
Al mismo tiempo que los jefes militares demostraban que no estaban dispuestos a obedecer las órdenes del presidente Alfonsín y reprimir la insurrección. Millones de personas salieron a las calles para oponerse al alzamiento militar y la CGT declaró la huelga general en defensa del gobierno constitucional. Durante varios días el país estuvo al borde de la guerra civil. Alfonsín, anunció al público reunido en la Plaza de Mayo, desde la Casa de Gobierno, el envío de tropas leales para exigir a los rebeldes que depusieran su actitud.
Poco después habría de darse cuenta que esas tropas, en los hechos, no existían. Ni una sola de las unidades convocadas en la Capital Federal, y zonas adyacentes, respondió a esa orden. Sólo el General Ernesto Alais se mostró dispuesto a actuar, desde su guarnición en la provincia de Corrientes, y así avanzó con sus tropas hacia Campo de Mayo. A pesar de ello, al llegar esas fuerzas a Zárate, en la provincia de Buenos Aires, los oficiales de rango intermedio detuvieron su marcha e hicieron conocer su decisión de no avanzar contra sus compañeros.
El propio Alfonsín ha revelado luego que, fuera de quicio, quiso marchar encabezando a la multitud a Campo de Mayo, donde se encontraban los militares insurrectos, pero que finalmente no lo hizo para evitar la guerra civil.
En vez de ello, Alfonsín concurrió personalmente a Campo de Mayo a reducir a los insurrectos. Horas después anunció, que los amotinados habían depuesto su actitud, en lo que aparentemente había sido una victoria sin concesiones del gobierno democrático. Poco después se haría evidente que este pretendido triunfo no había sido tal.
Fue el sábado 30 de abril cuando Alfonsín así lo comunicó en un discurso a la población congregada en Plaza de Mayo donde utilizó una frase que se hizo histórica (con sentido negativo): "La casa está en orden, felices Pascuas".
Alfonsín, sin poder militar para detener el golpe de Estado, negoció con los líderes militares "carapintadas" la garantía de que no habría nuevos juicios contra militares por violación de derechos humanos. Esas medidas se concretaron en la ley de Obediencia Debida y el reemplazo del general Héctor Ríos Ereñú por el general José Dante Caridi, al mando del Ejército argentino.
Este último, desde su cargo, comenzaría a defender públicamente la dictadura y la guerra sucia. Desde entonces Alfonsín debió enfrentar otras dos insurrecciones militares durante 1988 (18 de enero y 1 de diciembre) y un permanente estado de insubordinación de las Fuerzas Armadas.
Las leyes de Punto Final y Obediencia Debida fueron objetos de fuertes cuestionamientos por parte de las organizaciones de derechos humanos, el movimiento estudiantil, y las fuerzas políticas progresistas, incluidos sectores internos del radicalismo como la Juventud Radical y su brazo universitario Franja Morada.
Leyes de la impunidad. Con posterioridad, ambas leyes y los indultos a los jefes militares y guerrilleros ya condenados, concedidos por el presidente Carlos Menem en 1989, fueron conocidas como las leyes de impunidad, y serían derogadas por el Congreso Nacional en 2003.





Declaraciones:

- Desde Londres, Cristina dijo que la figura de Alfonsín está "indisolublemente ligada a la recuperación democrática" Además: "Creo que el homenaje se lo hicimos en vida, que fue cuando se lo merecía".

- Kirchner dijo que Alfonsín le advirtió que lo iban a "atacar los mismos sectores conservadores" que a él.
El titular del Pj elogió a Alfonsín diciendo "fue un verdadero ejemplo" para los dirigentes y militantes.

- Carlos Menem: "Fue uno de los artífices de que la Argentina volviera a la libertad".

- Duhalde lo recordó con cariño: "Fue un hombre muy querido".

El adiós definitivo:

Una multitud acompañó el cortejo desde el Congreso hasta la bóveda de los caídos en la Revolución de 1890. Antes, la emoción también dominó la misa de cuerpo presente en el Palacio Legislativo.

El ex presidente Raúl Alfonsín ya descansa en la bóveda del cementerio de la Recoleta destinada a los caídos de la Revolución del Parque de 1890. Rodeado de muestras de respeto, cariño y emoción, el cortejo que llevó el cuerpo desde el Congreso fue acompañado por decenas de miles de personas, como hacía décadas no se veía en la Argentina en la despedida a un dirigente político. La escena final fue casi íntima, con un puñado de dirigentes, familiares y amigos, y hasta algún "adversario ocasional" como se autodefinió el peronista Antonio Cafiero. Antes, por todo el trayecto a paso de hombre de la avenida Callao desde la sede legislativa, el adiós fue multitudinario, con flores, aplausos y vivas para el ex jefe de Estado. El féretro quedará transitoriamente en la bóveda en la que descansan próceres radicales como Yrigoyen, Illia y Alem, hasta que se construya un espacio para el ex mandatario que encabezó el retorno de la democracia en 1983. Allí se escucharon los últimos oradores. El ex presidente uruguayo Julio María Sanguinetti dijo que "hoy revivimos aquí aquellas jornadas de 1983, que celebramos también nosotros (en Uruguay) aun en dictadura". Y sostuvo: "Un político como Raúl no muere, su obra lo mantiene vigente". Por su parte, el dirigente radical Enrique Nosiglia manifestó: "El estar juntos fue lo que nos hizo retomar la esperanza. Alfonsín siempre impulsó el diálogo y nos enseñó a saber escuchar. Su cualidad de estadista le permitió comprender que ningún camino es fácil y que los obstáculos se vencen con perseverancia y paciencia". El titular de la UCR bonaerense, Daniel Salvador, le dio paso a Cafiero, la única voz peronista en el tramo final de la despedida al ex presidente. El ex gobernador bonaerense puso a Alfonsín junto a Juan Domingo perón como "los dos maestros" en su vida política. "Un buen político sólo lo es si tiene sueños. Alfonsín los tenía. Soñaba con la juventud, con los otros partidos políticos. Soñaba con restaurar la democracia, con convertir a la UCR en un partido poderoso, en el consenso y la reflexión. Fue un predestinado que nació con una misión a cumplir. Ya no les pertenece porque, a esta altura, es de todos", dijo Cafiero. Otras figuras radicales como Leopoldo Moreau, Mario Losada e Hipólito Solari Yrigoyen completaron el homenaje. Antes, también miles siguieron en la Plaza de los Dos Congresos la misa de cuerpo presente en memoria de Alfonsín, tras los actos oficiales y el velatorio en el Salón Azul del Senado, por el que pasaron más de 70.000 personas. La misa en su honor fue oficiada por el arzobispo de Santa Fe, José María Arancedo, primo hermano del ex mandatario; el secretario general de la Conferencia Episcopal, monseñor Enrique Ghía, y el obispo emérito monseñor Justo Laguna.

Este es el orden que le hubiese dado a la información, primordiando la causa de su muerte, pero dando también mucha importancia a su vida y los cambios que en ella realizó. Destacar lo que significó su figura para la Argentina, y que la mayoria de las fotos sean de su vida y no en el cajón, para que la imagen que quede en nuestras mentes sea esa. Luego dar menor importancia a las declaraciones de otros políticos, que dicho sea de paso, suenan bastante falsas y sin profundidad. Por último la cobertura de su entierro, como para darle un cierre a la información.

No hay comentarios:

Publicar un comentario